En tiempos donde nos enfrentamos a grandes cambios,
es importante tener en cuenta nuestra relación con el significado de estas dos
palabras y el uso que hacemos de ellas en nuestras vidas.
La actitud es la disposición para hacer las
cosas, para enfrentarnos a una tarea, a un reto. La aptitud es la formación, el conocimiento con
el que contamos para desempeñar una labor. La aptitud es lo que sabes, la
actitud es lo que haces con lo que sabes. Aptitud es disponer de alguna
habilidad, actitud es la voluntad de mejorar una debilidad en un conjunto de habilidades.
Decimos que actitud y
aptitud están vinculadas al éxito porque parten de la base de que sólo las
condiciones y las acciones positivas del ser humano, en sus diferentes
ámbitos y roles, son las que lo hacen exitoso. Quien triunfa es aquel que es
capaz de asumir la vida con riesgos, levantarse de las caídas sin culpar a
nadie y aceptar que todos tenemos limitaciones y
capacidades que nos hacen únicos.
El éxito está compuesto por un 85% de actitud
y un 15% de aptitud. Cuántas personas no tuvieron educación escolar y llegaron
a ser grandes emprendedores. Es porque tuvieron la actitud y no se basaron en
la aptitud. Los conocimientos se adquieren de manera formal en las
universidades o escuelas, o de manera informal al leer un libro o buscar
información en diferentes medios. En cambio la actitud tiene que ver más con
nuestra autoimagen, el cómo nos vemos y nos valoramos.
Todos podemos cambiar, cambiando nuestra
forma de pensar si utilizamos las cuatro “D”: deseo, decisión, determinación y
disciplina.
Ricardo Pérez González

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